Curiosidades... Sicalipsis!


He de reconocer que me costó empatizar con el personaje protagonista de mi primera novela. El rey Alfonso XIII no me merecía ni la más mínima empatía, no congeniábamos, no encontraba puntos en común con una persona que carecía de sentimientos, que frivolizaba con asuntos importantes y coleccionaba conquistas. Poco a poco, tras mucho leer y más imaginar, acabé encontrando ese punto humano, que respondía únicamente a la falta de atención, cariño y exceso de servilismo que lo condenaron a protagonizar una vida carente de sensibilidad y ser necesitado de amor, de sinceridad.
            Sin embargo, qué iba a sospechar yo mientras relataba su vida a través de mi pluma (mis teclas, en realidad) que aquel granuja, cien años más tarde, tendría conmigo algo en común, convirtiéndose la pimienta de la novela en el punto convergente. Mientras Alfonso XIII introduce la sicalipsis en España, yo la introduzco en el diccionario de muchos de mis lectores, a la vez, que otros se alegran de volver a leer un término bien sonoro y un tanto anacrónico pero que, por el contrario, sigue estando tan de actualidad como antaño y más, mucho más.
            Sabemos pues, que sicalipsis es sinónimo de obsceno o pornográfico y que la RAE lo define como “malicia sexual, picardía erótica”. Pero, ¿de dónde procede el término?, ¿cuál es su etimología? En verdad, el vocablo “sicalipsis” es una creación comercial de principio de siglo, apareciendo por primera vez en 1902 para anunciar una obra pornográfica en el diario El Liberal de Madrid. La crearon los publicistas de principios del pasado siglo y está formado caprichosamente por la unión de las palabras griegas “sykon” cuyo significado es higo y “aleipsis”, untar. Por lo que la sicalipsis no es otra cosa que el frotamiento del higo. No obstante, se emplea con más frecuencia el adjetivo que de ella se deriva; sicalíptico, convirtiéndose en la entrada empleada para las fiestas, orgías, películas, reuniones, imágenes… de los añorados, que no dorados en España, años 20.
Hoy una gran muestra divertida, amena y elegante de redescubrir esta palabra, sin duda alguna, viene de la mano de la cupletista más sicalíptica que recorre los más diversos teatros de la geografía española: La Bernalina y a cuyas reuniones “clandestinas” no debéis faltar.
Ahora, todos a usar este vocablo que tan bien suena.

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