Tiaras y fidelidad


Hoy voy a hacer un homenaje a esa joya tan característica de las damas de la realeza: las tiaras.

Si atendemos a la RAE, como primera definición encontramos la siguiente “gorro alto, a veces ricamente adornado, que simbolizaba la realeza en el antiguo Egipto y otras monarquías orientales”, no siendo hasta la cuarta y última acepción cuando se refiere a diadema “joya femenina en forma de media corona abierta por detrás, que se coloca en la cabeza”.

Y esta última es nuestra tiara. Dentro de la monarquía española el mundo tiara es embaucador. No somos una de las monarquías más ricas y enjoyadas. Ni tan siquiera, de las más vistosas, lista que encabeza la inglesa e incluso la holandesa.
Sin embargo, tuvimos una reina inglesa que vivió su reinado entre grandes joyas e importantes tiaras y nos las dejó de herencia. Probablemente, hubiese preferido contar con un joyero mucho más sobrio a cambio de una vida matrimonial feliz. No olvidemos que la mayor parte de sus joyas le servían al rey Alfonso XIII para pedir perdón por sus deslealtades. También le regalaba con motivo de los nacimientos de cada uno de los infantes y fechas señaladas. Y dentro de este grupo, está mi favorita, porque si imagino una tiara, a mi mente llega la tiara de las flores de lis.

Se trata de una tiara especial, que Alfonso XIII regaló a su prometida Victoria Eugenia con motivo de su boda. Las tiaras tienen vida propia y nadie como ella ha sabido lucirla, por el contrario, si tuviera patas, querría escapar corriendo de algunas cabezas, porque hay testas que son regias por naturaleza y con eso se nace.

Siguiendo el deseo de la reina, cuando murió, su hijo Juan de Borbón se convirtió en el depositario de parte de la gran colección de joyas regias. La pretensión de Victoria Eugenia era que, en un futuro, su hijo Juan pasara el lote a su nieto, Juan Carlos. Para ella, sus joyas adoradas seguirían vivas si pasaban de mano en mano.

El caso de la tiara de las tres lises, únicamente puede ser lucida por las soberanas españolas haciéndose una excepción con María de las Mercedes de Borbón y Orleans, madre de nuestro emérito Juan Carlos I, que no llegó nunca a reinar.
Ella fue quien acuñó el término “de pasar” y entregó dicho lote a su nuera, la reina Sofía de Grecia tras su matrimonio con Juan Carlos. Actualmente, la reina Letizia, como última monarca española, tiene acceso a tan impresionante joyero.

Desgraciadamente, este lote de joyas lleva implícita la infelicidad e infidelidad. Están marcadas cada una de ellas por la deslealtad, el engaño, el desamor. Desde la desdichada Victoria Eugenia, cada una de las féminas que se han adornado con el joyero real, han sido engañadas y desdichadas en el amor. ¿Romperá Letizia la maldición?




Foto publicada en El Mundo 22/02/2017

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