Palabrerío cartagenero







Maravillosa foto realizada por José María Faz

En Cartagena disfrutamos de lo propio, de lo especial y único que nos diferencia del resto de la Península Ibérica; el clima, la comida, las terrazas siempre al sol con sus tapas y cervecicas frescas, el buen humor o la gente guapa, pero si de algo podemos presumir es de nuestra exclusiva riqueza léxica. Un lujerío de vocablos.
En la ciudad levantina contamos con un personaje especial, muy nuestro que lleva tácita una historia real: el icue. Si acudimos al diccionario de la RAE no encontraremos esta palabra, ¿por qué? Sencillamente porque es nuestra y para poder encontrarla debemos acudir al diccionario cartagenero. Me olvidaba, también tenemos nuestro diccionario: El Diccionario Icue que fue creado por Ángel Serrano Botella en 1986.



                Mientras que el resto de España cuenta con la figura del pícaro, figura que, por otro lado, lleva implícita una importante carga literaria, tal es el caso de La vida del Buscón llamado don Pablos de Quevedo o El Lazarillo de Tormes, sin autoría conocida; para nosotros, los cartageneros, ese pícaro es el icue; aquel zagal o niño que pasaba el tiempo, o más bien lo perdía, en el puerto. Los icues se bañaban en calzoncillos y por ello, la figura de bronce viste únicamente dicha prenda mientras que en la mano sostiene un aladroque del que sale un chorro de agua.
El icue es el Manneken Pis cartagenero y ¿por qué no? Español.

                Tanto es el léxico cartagenero que, como decía, hasta contamos con un diccionario. En él no faltan voces tan de la tierra como el picoesquina donde todos hemos quedado en más de una ocasión porque siempre hay un bar que hace esquina.

Mis alumnos de español han aprendido a tomar los libros de las lejas de la estantería del aula e incluso han comido crespillos, aquellas galletas saladas y redondas, finas y crujientes que eran mis almuerzos de recreo y que saboreaba mientras me la amocaba en el pilla pilla.

Con la llegada de la primavera, rara es la casa que no cuenta con un buen kilo de pésoles para ser degustados crudos y que cunden como pipas. Como no es menester tirar comida, las abuelas preparaban una ropa vieja para chuparse los dedos.
Recuerdo los veranos en los que, en la playa, subidos a coscoletas unos de otros, intentábamos capuzarnos.

En Cartagena, como en todos sitios siempre hay un malafollá y una hija de la polla roja, sin embargo, lo que más abunda es gente bonica, amable y servicial.

Aquí os dejo la traducción para leerlo, como diría mi abuela, en cristiano.

Aladroque: boquerón
Leja: balda
Amocar: cuando en un juego te toca pillar o contar.
Pésoles: guisantes
No es menester: No es necesario, no hace falta.
Ropa vieja: frito que se hace con las sobras del guiso del día anterior, generalmente el cocido.
A coscoletas: subirse a hombros o en la espalda de otro.
Capuzar: sumergir la cabeza en el mar.
Malafollá: persona con mal carácter.
Hija de la polla roja: persona a la que se le otorgan privilegios, un trato de favor.

Comentarios

  1. Me ha encantado este vocabulario. Genial, Sonia.

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  2. Gracias. Me alegro de que hayas disfrutado con la lectura.

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  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  4. hace algunos años,no muchos un diario regional en sus paginas de Cartagena,hizo unos fasciculos del "abla cartagenera" pasaron los meses y los encuaderne en un tomo.
    de vez en cuando lo leo sin poder evitar una sonrisa de lo "bordessssicos" que somos los de la tierra y lo peculiares
    juan soler gomez

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  5. Qué bueno, eso es un tesoro Juan. La verdad es que es muy curiosa nuestro habla.

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