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Mentideros








Leyendo la novela de Gonzalo Arjona La calle de la Montera, novela que recomiendo fervientemente, me encontré con un término que me transportó a mis años universitarios. Y no, no es que sea tan mayor como la palabra, pero cuando era estudiante, allá por aquellos incipientes años 2000, jugábamos al duro en el Mentidero. Este era un bar de estudiantes donde bebíamos sangría y considerábamos el Mentidero lo mejor del mundo entero.

Con la perspectiva de los años, lo que todavía no me explico es cómo jugaba, porque era bastante asqueroso. Quizá sí, tienes razón y son ya muchos, porque el juego se llamaba el duro, no el euro. La única explicación es esa, la edad. Sin embargo, que levante la mano el que no haya jugado nunca. ¿La has levantado? Entonces, cuando termines de leer este post, ve a probar.

Te presento al duro


Te recuerdo cómo era: una jarra de sangría en el centro de la mesa y cada uno con su vaso vacío alrededor, tenías que lanzar un duro que botando en la mesa cayera dentro de la jarra. Si lo conseguías, bebías, si no, pues pasabas sed. Yo tengo que reconocer que bebía poco, pero nunca admitiré que lo que no tenía era puntería.

Bien, anécdotas aparte, voy a lo que me ocupa hoy: Los mentideros; esos lugares en los que se reunía la gente para conversar y que surgieron en el Siglo de Oro.
A ellos acudían para hablar, criticar, dar pábulo a los rumores, para cotillear en general. Era el lugar de reunión y tertulia en el que podías recabar información, pero, sobre todo, patrañas (siempre me ha encantado esta palabra).

En Madrid, encontramos tres mentideros:

Mentidero de los representantes en la calle León que era el de los artistas, donde se reunía la farándula para hablar de los escandalosos amoríos de Lope, por ejemplo. También para reírse de los fracasos de Cervantes e incluso se empapaban de cotilleos que empleaban después como temas en las comedias que escribían.
Junto a este mentidero vivía Cervantes de modo que, solo con salir a la puerta de su casa, podía conocer de primera mano lo que de él se decía, que, generalmente, no era bueno. Como verás, la envidia es tan antigua como el hombre.

Mentidero de las Losas de Palacio. Aquí se pretendían los favores o concesiones gubernamentales.

Mentidero de las Gradas de San Felipe. En realidad, este lugar era al que se acudía cuando querías encontrarte a alguien o ver a las amadas, porque daba a la calle Mayor, que era un sitio de obligado paso en la época.

Hablamos de lugares variopintos donde se juntaban las diferentes clases sociales con la finalidad de recabar informaciones que también se mezclaban, pues unas veces eran veraces y otras, cotilleos o rumores.

Estos mentideros han ido evolucionando con el paso de los años y de los siglos hasta llegar a la actualidad. Hoy disponemos de mentideros acordes a la época y tecnologías, así organizamos grupos de whatsapp de padres del colegio. En estos mentideros hablamos sobre la cantidad de tareas que tienen los niños, contrastamos los deberes e incluso los pedimos cuando se olvidan el cuaderno en clase. Pero, también sirven para opinar sobre un profesor que no nos gusta o para dar cancha a esa nueva norma que nos han contado unos padres que le han dicho otros que han oído que van a establecer en el colegio.



Sin embargo, el mentidero por excelencia hoy es el de los representantes, que ha mutado a programa de televisión con el fin de llegar mejor a más gente. Este mentidero es Sálvame, porque reencarna a la perfección el espíritu del de antaño. Provocan rumores, cotilleos, alguna verdad y además sirve de lugar de encuentro para personajes de hoy y de ayer. También de entretenimiento. Y son ellos mismos quienes se abastecen de contenidos para programas posteriores.

Sin duda estos son los mejores y más representativos mentideros del siglo XXI.

¿A que nunca hubieras imaginado que se podría relacionar Sálvame con la literatura? Nunca des nada por imposible y, por supuesto, no dejes de leerme, porque siempre te sorprenderé.

¿Qué otros mentideros destacarías hoy?

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